martes, 22 de marzo de 2016

Cayendo al sueño profundo

Cierro mis ojos, relajo mi cuerpo, mis brazos se moldean a la esponjosa cama y a la suave almohada. Poco a poco mi pecho sube y baja en un calmado compás. Largos mechones de cabello se esparcen en la cama, sedoso como la pluma de un ángel. Una suave brisa cubre mi piel desnuda mientras una cálida calma me rodea y mis pensamiento poco a poco se van silenciado. 

Nada pienso, solo siento. Pero hasta eso voy perdiendo. 

Al principio todo era blanco como la leche. Un cálido mar de leche. No se en que punto la silenciosa oscuridad lo cubrió todo. Tranquila, ausente y vacia ascuridad. No tenia ni frio ni calor

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