Los zapatos d
e tacón resonaron por el pasillo, las paredes llenas de humedad replicaban el sonido, solo para ser sustituido por el chocar de las llaves contra la cerradura vieja del departamento de James. Yara asomó su cabeza en el oscuro lugar, llenando las fosas nasales de alcohol y desperdicio. Arrugó nariz y entró tanteando la pared para encontrar el interruptor. La habitación se lleno de una fea luz amarilla, ahuyentando cosas que se arrastraban por el piso, cuando lo vio en el suelo. Era la maldita envoltura de aluminio. Sabía que había tenido en su interior, pero desplazó esa información para centrarse en la búsqueda de su amigo. No paso mucho hasta que lo encontró tirado en el sofá, al lado de el había vómito. Espero que fuera el contendio de la bolsa de aluminio.
-¿James?
Lo llamo mientras le revisaba. No se había cortado, olía alcohol, y un dulzón que le repugnaba. Se dirigió al baño y prepara la tina con agua caliente, al regresar al sofá se pasó el brazo del hombre sobre sus hombros
-Vamos campeón. Te toca baño
Lo llevo hasta el baño donde con algo de dificultad le saco toda la ropa; una rápida inspección de su cuerpo desnudo la hizo confirmar que no se lastimó físicamente. Era una recaída en las drogas y el alcohol. Lo metió a la tina sin protesta de James. Este no le miraba la cara. Yara empezó a mojar con una taza el cabello de él y lo enjabono. Ninguno dijo palabra alguna hasta que Yara se levantó por el acondicionador y el cepillo.
-Me droge.- soltó James, sin saber porque lo había dicho, el supuso que ya su amiga lo sabía por la evidencia en el departamento
-mmm ¿Por qué?.- preguntó su amiga regresando a su lado y aplicándole el acondicionador a su pelo. Quería peinarlo con eso.
-no lo sé...- la voz de James se desvanecía.
Está vez no fue como otra veces. Está vez ni recordaba haberlo intentado. Ni siquiera se sentía particularmente mal los últimos días.- de la nada me empecé a sentir muy mal y...
Yara continuo peinando el cabello de James, era un desastre, pero con el acondicionador podía desenredarlo sin lastimarlo.
-Te robaron tus ahorros de tu último trabajo. Y al pelearte con la perra que te los robo el jefe los echo a los dos.
James se quedó en silencio reflexionando. No estaba seguro que fuera eso pero su mente no era clara. Solo asistió con la cabeza y dejo que Yara lo siguiera peinando.
-Ahora no tengo para comer.- la voz metálica de James amenazaba con quebrarse, pero no tenía fuerzas para eso.
-Lo resolveremos.- dijo sencillamente Yara.
Ninguno de los dos estaba en una posición económica estable. A ella la había echado del trabajo. Aún no entendía si era porque no daba la talla o por envidia. Solo sabía que fue lo mejor. Ya no era un ambiente agradable.
Terminando de peinar a su amigo lo enjuago y lo saco de la tina. Lo rodeo con una toalla y lo saco a su cama donde lo seco y le puso ropa limpia. Se puso a limpiar mientras James seguía con la mirada perdida.
Yara suspiro. Sabía que él no le diría más. Y saltaba a su cabeza la vez que le dijo "nadie sabe cómo tratar a gente como yo. Ni yo lo sé" se enderezó y sin darle la cara le soltó.
-Gracias por seguir con vida.
James levantó la cara genuinamente asombrado de las palabras.
-Sere egoísta y te lo diré. Quiero que vivas. Así podrás seguir siendo parte de mi vida.
Yara siguió recogiendo sin mirarlo. No sabía que tomaría sus palabras. Las lágrimas de James empezaron a rodar por sus mejillas limpias y humectadas con la crema de coco que Yara le hacía puesto al vestirlo.
-Gracias.- la palabra salió de los labios del peliazul quebrada, sollozante.
Fue cuando Yara dejó de recoger y se acercó a su amiga abrazarlo y llorar con él.
-No importa si vivimos lejos uno de otro, o si nos separa el océano. Quiero que vivas, James.
Dicho esto ambos se abrazaron fuertemente mientras sus lágrimas los empapaba.





